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  El Museo > El Museo visto por: > Rafael Santos 2  

Presentación
Del Alcalde
Del Director
El Museo visto por:
Ramon Bosch
Rafael Santos
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> Lo que ocurre es que, en este caso, el que así sea obedece a uno de esos espejismos del arte que, tan reales como la vida misma, tienen aquí un desencadenante concreto: el que ya habrá supuesto el lector y que es, claro, el de quien motiva estas líneas de breve introducción al libro que ahora tiene en las manos y que desde su propia portada lo dice todo al asociar en ella a J. Martínez Lozano con la Fundación que lleva su nombre, ésta con el Museo de la Acuarela y todos juntos con el de Llançà, a los auspicios de cuyo Ayuntamiento se debe que hoy empiece a ser espléndida realidad la gran empresa de que las páginas que siguen dan fe.

La acuarela, que fue el último de los procedimientos pictóricos clásicos que alcanzó su autonomía, aparece desde el principio asociada con el mar. No es que no existiera con anterioridad al último tercio del siglo XVIII, que es cuando empieza a dar verdaderas señales de vida como tal, sino que hasta dicha época de ordinario era utilizada sólo como una técnica menor, generalmente con fines ilustrativos o para estudios preparatorios con destino a obras de mayor empeño realizadas depués al óleo o al temple. La asociación de la acuarela con el papel y otros soportes análogos surgió dondequiera que éstos hicieron acto de presencia, desde los papiros egipcios hasta los manuscritos iluminados medievales, pasando por las pinturas extremorientales sobre seda o sobre papel de arroz. Pero en Europa, salvo algún caso excepcional, como el de la serie de paisajes pintados por Durero en su viaje a Italia a finales del siglo XV, y otra, también de paisajes, debida a Van Dyck, seguramente durante su última estancia en Londres (donde murió en 1642), puede decirse que no sería hasta la época citada, ya en los umbrales del Romanticismo, cuando la acuarela adquiere toda su prestancia y la plenitud de su autonomía. Ello ocurrió en Inglaterra al conjuro, como no podía ser menos, del mar, y, rápidamente, tras el precursor J. R. Cozens (1717-1786) y, en sólo una generación, a través de Girtin (1775-1802), Cotman (1782-1842) y, sobre todo, Turner (1775-1851) y Constable (1776-1837), la acuarela alcanzaría su máximo esplendor. Al propio tiempo, ya con la temprana fundación en Londres de la primera Asociación de Acuarelistas (la Old Water-Colour Society, en 1804) se produciría la moderna consagración universal del procedimiento. (< Atrás)  (Leer +)

RAFAEL SANTOS TORROELLA (1914-2002)
Profesor emérito de la Universidad de Barcelona

Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de "Sant Jordi"
y correspondiente de la de San Fernando, de Madrid
Museo de la Acuarela de Llançà | mda@mda.cat