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  El Museo > El Museo visto por: > Rafael Santos 1  

Presentación
Del Alcalde
Del Director
El Museo visto por:
Ramon Bosch
Rafael Santos
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> J. Martínez Lozano es de esos hombres que por dondequiera que pasan dejan huella. Imagine el lector lo que tiene que ser si con
respecto a un determinado lugar no es que pase, sino que vuelva una y otra vez, se establezca por largos periodos allí, ponga casa –o, como él suele, casas, en plural– y, en definitiva, lo convierta en parte sustancial de su vida. Pues eso es lo que a Martínez Lozano, a Pepe –porque, ¿cómo no vamos a llamarlo así, con el amistoso apelativo a que él mismo invita a todos, propios y extraños, desde el primer momento?– le ha ocurrido con Llançà, que es seguramente su lugar, no diré predilecto para que no se enfaden los otros –Terrassa o Montblanc, por ejemplo– que seguramente se sienten con tanto derecho como el que más a esa predilección suya, sino el lugar más hecho a su medida, lo mismo que él parece estar hecho a la medida de Llançà. De Llançà, con su mar cerrado y abierto, su solera de pueblo viejo (por donde me decía el excelente Subías Galter –que fue el primero en escribir sobre Dalí antes de Dalí– que pasaba uno de los antiguos ramales transpirenaicos del camino de Santiago) y su latido siempre acompasado a los tiempos nuevos, la delgadez y pureza de sus aguas –éstas ya con vocación de acuarela al arrimo de la montaña de Sant Pere de Rodes, de donde acaso vengan–, y, con ellas, la elegante y precisa arquitectura naval de sus barcas, el más bello objeto creado por la mano del hombre, como muy bien sabe Pepe, que ha hecho de ellas sus modelos más constantes, casi humanas y femeninas en su esbeltez incomparable.

La verdad es que yo a Pepe Martínez Lozano casi no lo concibo más que allí, al final de los años cincuenta y principio de los sesenta, cuando hicimos alguna campaña juntos, más bien él como maestro y yo como alumno; y lo veo siempre en ese mar, el mar d’amunt, el del norte de Cap de Creus, que es mi mar, cuyos secretos él conoce y ha captado como nadie en centenares, tal vez miles de óleos, dibujos y acuarelas, éstas sobre todo. Porque también entre la acuarela y Llançà se ha producido ese fenómeno de autoidentificación recíproca o, como hubiera dicho Goethe, de afinidades electivas en virtud del cual, lo mismo que a propósito de Pepe Martínez Lozano, cabría afirmar que Llançà está hecho para la acuarela y la acuarela para Llançà. (Leer +)
RAFAEL SANTOS TORROELLA (1914-2002)
Professor emérito de la Universidad de Barcelona

Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de "Sant Jordi"
y correspondiente de la de San Fernando, de Madrid
Museo de la Acuarela de Llançà | mda@mda.cat